martes, 15 de octubre de 2013

High.

Taquicardia
Temblor en el cuerpo,
Que empieza desde el suelo
Los pies, las rodillas, piernas, nalgas, columna...
La corriente eléctrica del estallido interno
Manos sudorosas
Un chillido hermoso y ensordecedor
Lentos movimientos, realmente lentos
No hay gravedad
Ojos brillantes cual estrella cubierta,
De sangre
Súper poderes, paredes transparentes
Nervios, paranoia
Ojeras frías, orejas calientes
Calor, escalofríos
Sube y baja sin parar
Yo ya quiero parar
Yo no quiero parar nunca.
Disimula.
Hambre.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Vendado.

No veo, absolutamente nada, pero te siento muy cerca de mí pues tu respiración eriza cada uno de mis vellos y me hace sentir una extrañeza divina en el cuerpo. No te bastó cerrar las ventanas, apagar la luz y desnudarme, no, también decidiste vendar mis ojos. Ahora soy un muñeco, uno que se deja manejar y cumple todos los deseos que su amo le pide, le indica, lo fuerza. ¿Podemos empezar de una vez? No aguanto más espera.

Consigo tu cuerpo delante del mío, tembloroso pero la firmeza de tu piel es impecable. Lo primero que toco son tus hombros y ya conozco ese camino de memoria así que tu boca se sintió en la mía en pocos segundos.

Te sentí raro, pero no raro del malo, sino, autoritario y rústico. Pues fuertes mordidas que me hacían gritar dejabas en mi cuello, en mi espalda, en mis caderas, en mis nalgas. La fuerza de tus manos hicieron que cayera de rodillas y mi boca ya sabía lo que tenía que hacer. No paraste en ningún momento llevando un ritmo rápido y violento. Yo resisto. Hasta sentir el empujón que me dejó tirado en el suelo, desorientado.


¿Dónde estás? ¿Por qué no te escucho si quiera? ¿Te fuiste? Espero ansioso, pensé que estabas planeando algo más sucio pero, fue la última vez que supe de ti. Y dormí llorando, con los ojos vendados. 



lunes, 9 de septiembre de 2013

Vicioso Culpable.

Me gusta estar rodeado de ellos
Los deseo porque son tan exquisitos
Los puedes sentir en cada parte del cuerpo
Tan deliciosos
Tan placenteros.
Los hay de todos los colores
Pero los negros son mis favoritos.
Los hay de todos los tamaños
Pero siempre voy a preferir los grandes.
Me gustan los largos y los gruesos
Pues, son lo que más me llenan
Porque más tienen.
Adoro sus olores, sus sabores, sus texturas.
Podría con dos, tres, cuatro y hasta cinco
Al mismo tiempo.
Libros.


sábado, 7 de septiembre de 2013

Un amor inexistente.

Me tomas la mano y me obligas a no soltarte nunca, no mientras dormimos, porque en el fondo sé que necesitas de mí tanto como necesito de ti. A los ojos de todos somos lo que realmente somos, pero, cuando las paredes de mi habitación nos invaden, somos lo que nos provoca. Toco tu cuerpo como siempre lo quise tocar, como nunca me dejaste hacerlo. Tú, te prendes; yo, necesito ser apagado. Y me buscas justo como en algún momento yo te busqué. Y somos perfectos pero la verdad es que no nos gusta la perfección. La fantasía del momento nos arrastra y sucumbimos en la tentación que no pasa de eso, de deseo. Y despertamos, y volvemos a ser los mismos, pero siempre, algo cambia. 


jueves, 22 de agosto de 2013

Agua para el café.

El deseo hierve como el agua para el café que el mismísimo Satanás está preparando y, me siento con él a discutir sobre qué voy a hacer para finguir que ya no siento nada por ti y cuántas cucharadas de azúcar le vamos a poner. 


miércoles, 14 de agosto de 2013

La perfección se mide en centímetros.

Sentí sus dedos ansiosos mientras me desataban los botones de la camisa, no sabía lo que hacía pero su torpeza la hacía encantadora. Yo permanecía inmóvil mientras veía cómo quería hacer de todo sin saber hacer nada. La camisa blanca cayó detrás de mis talones y el mundo de un cuerpo desnudo era el nuevo descubrimiento de mi aventurera compañera dejando en descubierto el camino a la gloria, el abdomen de un joven con la fuerza de un adulto.  En mi rostro se pintó una sonrisa egocéntrica mientras que en el suyo un asombro se asomó. Sabía que mi cuerpo estaba perfectamente moldeado pero solo lo había visto y tocado con una pequeña tela entre piel y piel.

Yo era su Dios griego y ella era mi pequeña plebeya. No tardó en besarme pues, su emoción se hacía líquida en medio de sus piernas y una llamara encendida es casi imposible de apagar rápidamente. Los escalofríos de su cuerpo pasan como una corriente eléctrica al mío indicando que el momento está llegando. Su boca quedó frente al pecho con el que quería dormir el resto de su vida, lo supe cuando sus labios lo besaron mientras sus ojos se cerraron. 

La abracé, sabiendo que faltaba una cosa por descubrir pero quise que lo imaginara primero, pegué mi bulto, mi gran bulto en su cuerpo y lo apreté con tal fuerza que sentí que en cualquier momento mi espada, grande, filosa, dura, la traspasaría. Se podía sentir lo caliente de su entrepierna y la humedad de sus deseos, estaba tan lista. Me paré frente a ella y mi mirada le ordenó soltar mis pantalones, cuando cayeron al suelo dejaron ver la perfección de mi cuerpo en cada uno de sus centímetros. Y de los centímetros de los que más estoy orgulloso. Blanco, recto, venas sobresalientes, punta rosada, sin un solo vello y de un tamaño majestuoso. 

—Ahora serás mía.

Y mis palabras la desterraron de sus telas que volaron por todo el lugar, yo sí sé hacer las cosas y muy bien, la pegué contra la pared mientras un pequeño chillido salió de su boca, la voltee y me sostuve de su cabello dejando su cuello a servicios de mis dientes en el momento en que mi perfección entró bruscamente en la suya y escuché ese primer y delicioso grito de dolor que se convirtió en placer mucho tiempo después.



martes, 23 de julio de 2013

Porque quiero.

Te miro de esta manera porque quiero
Te toco de esta manera porque quiero
Te deseo de esta manera porque quiero
Te invado de esta manera porque quiero
Te seduzco de esta manera porque quiero
Te beso de ninguna manera porque no quieres.